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Relaciones de madre e hijos varones: sus efectos

- 20:02 Para vivir mejor

La relación madre e hijo varón difiere, en algunos aspectos, de aquella relación entre la madre y la hija (en femenino).

Si bien, los primeros años de la infancia —no importando el sexo— la presencia de la madre es fundamental como lazo que une a la vida, y todo lo que ello implica, también existen diferencias de lo que una madre puede aportar a la vida emocional del hijo varón, que no aporta de igual manera a la vida de la hija. Por supuesto, nuestro vínculo afectivo y de apego inicial en la vida es con la progenitora y de ella adquirimos las habilidades emocionales primarias, no importa si se es varón o mujer. El neuropsicólogo estadounidense Stephen Poulter, en su libro “El factor madre: cómo el legado emocional de tu madre afecta en tu vida señala que la madre puede ser nuestra primera experiencia de amor, pero dependiendo de cómo se dé ese vínculo, pueden convertirnos en personas más ansiosas, necesitadas, irascibles o depresivas.

Características que nos impactan en todos los aspectos de la vida y en la forma en la que nos vinculamos con la propia madre y con los demás. En el caso de la figura materna, el vínculo que se establece con el hijo, desde la gestación, repercute en cómo se llevarán a cabo las relaciones sociales del niño a lo largo de su vida; el concepto primario entre madre e hijo, no sólo determina la calidad de los vínculos sociales futuros, sino que también la falta de estimulación temprana afecta el buen desarrollo de relaciones emocionales, sociales y cognitivas. Esta influencia emocional de la madre aplica tanto para las hijas como para los hijos, pero en caso particular de los hijos varones, la figura materna tiene además un papel diferente al que juega con la hija, y que en gran medida está relacionado con la manera en que el hijo se vinculará en pareja…

Los hijos varones y la figura materna

Podemos suponer que la figura materna ejerce sobre el hijo varón un modelo de lo femenino. En el seno de la familia, el hombre aprenderá a ver a las mujeres a través de la relación que tenga con la madre y la manera en que ésta le haya permitido o no generar un criterio propio; así habrá en la relación elementos positivos que le otorguen al niño seguridad emocional, pero también puede haber aquellos que influyan de forma negativa como los celos y el control. Erich Fromm, en su obra El arte de amar, explica que “Las actitudes del padre y de la madre hacia el niño corresponden a las propias necesidades de éste. El infante necesita el amor incondicional y el cuidado de la madre, tanto fisiológica como psíquicamente. Después de los seis años, el niño comienza a necesitar el amor del padre, su autoridad y su guía. La función de la madre es darle seguridad en la vida; la del padre, enseñarle y guiarlo en la solución de los problemas que le plantea la sociedad particular en la que ha nacido”.

¿Cuáles son los tipos de relación de una madre con el hijo?

La forma en que la madre se vincule con sus hijos será determinante para el futuro emocional de su hijo varón, y la influencia que ello pueda tener en futuras relaciones de pareja.

Una madre perfeccionista, que de forma constante buscará controlar al hijo; que con frecuencia le criticará y se mantendrá ansiosa con el éxito de sus hijos generará hijos temerosos y con baja tolerancia a la frustración. Asimismo, al no poder soportar la frustración de manera adecuada puede provocar agresión en los hombres.

La perfeccionista muy probablemente será una madre controladora que con altas probabilidades criticará igualmente a la mujer que su hijo elija como pareja, pues considerará que su “hijo merece algo más”.

Su frase perfecta será “no hay una mujer perfecta para mi hijo”.

La madre tóxica, posesiva, que cría hijos para servirse de ellos no es excepción. 

Desafortunadamente existen muchas madres que utilizan a los hijos para satisfacer su necesidad de compañía, en caso de ser madres solteras, y entonces convierten a sus hijos en “su pareja” depositando altas dosis de responsabilidad en ellos; pero también los utilizan para que a futuro las mantengan económicamente hablando.

Así este tipo de madres evitarán a toda costa que sus hijos tengan una relación de pareja: harán escenas de celos y buscarán constantemente entrometerse en medio de su hijo y la pareja.

Este tipo de madres también suelen tener una autoestima muy baja, y se vuelven dependientes de su hijo pues éste le da sentido a su vida. Ellas reconocen que haber sido madres es lo único importante en sus vidas; les hace sentir seguras consigo mismas pues su vida ya tiene sentido. Sin embargo, cuando los hijos estén en edad de irse y hacer su vida ellas se quedarán solas y su sentido de vida se irá con ellos; intentarán hacer todo lo posible para que esto no suceda.

Madres y mejores amigas: hoy en día hay una tendencia por flexibilizar la relación entre los hijos y la madre, haciendo que ella se convierta en amiga de sus hijos.

La madre dejará de poner límites al comportamiento de los hijos y mermara su autoridad frente a ellos; los dejará hacer lo que quieran, aunque a la larga figurará como una madre ausente (al menos en su rol de autoridad).

El niño se sentirá vacío de orientación y guía, abandonado a “su suerte”, con una ausencia materna que, paradójicamente, le haga dependiente a su madre. Estará constantemente asegurándose de contar con la presencia de su madre. Será un hombre dependiente de su mamá porque no se haya sentido muy amado por ella, que haya sido rechazado y que por eso haga de todo por ganar su reconocimiento. Esto hará que el hombre sea vulnerable a la manipulación, al sentimiento de culpa por alejarse de su mamá, a sentirse desgraciado con respecto a la conducta y sentimientos, emociones y afectos en relación a su pareja porque tomará y cosificará a su pareja y solo se verá comprometido para lo que le “sirve” la mujer que tiene a su lado, solo intentará poner en el mismo escalón a su madre y mujer con la diferencia que siempre en la pirámide de las prioridades aparecerá su madre como ícono protector y su mujer como una colaboradora de sus estados efectivos.

Madres indiferentes. Hay madres que deciden que la maternidad no les hará perder sus prioridades entonces se ubicarán en primer lugar frente a la presencia de su hijo. Su hijo estará en segundo lugar y por ello no recibirá apoyo emocional; el niño crecerá solo porque la madre se irá “a hacer su vida”, el hombre que haya tenido una madre indiferente estará siempre buscando amor y aprobación, pero nunca encontrará el amor de su madre, así que tal vez pase por varias mujeres o sea un “mujeriego” para que todas le “den amor”. Pero ese amor que busca ansiosamente ese hombre solo se construirá con el lado servil de su pareja, ya que el amor de lo que soñó tener de su madre nunca apareció, sufre una gran intolerancia y frustración que toma a su pareja de forma indiferente como lo fue su mamá con él, en su patrón conductual suelen ser indicadores de hombres golpeadores y que se jactan que todo lo que hubiera hecho o dicho su madre en su crecimiento como hombre no lo hubiera llevado a tomar decisiones como si era adecuado aceptar a la mujer que tiene a su lado.

Otra consecuencia puede ser que en esa búsqueda desesperada de amor se vea obligado a aceptar cualquier condición para conseguirlo, así sea el maltrato físico o emocional.

Felizmente no todo es malo en las conductas de las madres; también hay una madre que establece el equilibrio entre sus necesidades emocionales y las de su hijo.

Una madre completa que tiene una sólida imagen de autoridad (sin ser autoritaria), cuya autoestima está bien cimentada, que inspira respeto, pero que también sabe dar amor sin sobreprotección ni control; además orienta sin promover la dependencia emocional del niño que para el adulto será muy perjudicial.

Asumamos finalmente que la maternidad, como la paternidad, no tiene un instructivo incluido, ni garantías, y es el reto más difícil que nos da la vida; en el camino siempre tendremos dudas de que lo estemos haciendo adecuadamente, y en el mejor de los casos las respuestas llegarán muchos años después.

Pero si aún con todas las orientaciones que les he dado, se tiene dudas o conflictos, te recomiendo que acudas con un profesional neuropsicólogo que te ayude a equilibrar esta relación tan especial tanto para la madre como para el hijo; mucho más si se trata de un hombre maduro.

Por el Lic. Mariano Vega Botter

Neuropsicólogo

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