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Accidentes de tránsito entre la justicia y la cultura

- 09:29 Opinión

Por Alberto Pravia. Ex Fiscal y Camarista Federal – Autor del libro Teoría y Práctica de la Prueba Penal y sus Nulidades

La realidad nos marca que cada vez existe mayor siniestralidad vial lo cual implica un aumento de aquellas personas que pierden la vida o sufren lesiones por esta causa, nuevamente un caso paradigmático como el protagonizado por el productor televisivo Eugenio Veppo nos provoca la atención.

La problemática vial  se ha intentado remediar a través de distintas medidas, desde las campañas de concientización para una conducción prudente, la declaración de la emergencia vial o el incremento de las penas que les corresponden a los autores de estos ilícitos imprudentes.

Hasta ahora ninguna de ellas ha dado buen resultado.


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En el 2017 se promulgó la ley 27347 por la cual se agravaron las penas de prisión en orden a los delitos de homicidios y lesiones culposas producidas con automotores.

Son ciertamente delitos que por la graduación de sus penas tienen en muchos casos  el beneficio de la excarcelación o en caso de condena puede llegar a ser  de cumplimiento condicional, es decir, no efectiva en una cárcel, porque se parte de la base que los accidentes mayoritariamente son producto de la imprudencia o la negligencia.

Esta ley es el resultado del reclamo reiterado de organizaciones no gubernamentales que se dedican a esta lamentable situación que vive nuestro país.


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La manda legal abarca situaciones que antes no eran comprendidas como cometer un homicidio imprudente y darse a la fuga, no intentar socorrer a la víctima o encontrarse el conductor bajo los efectos  de estupefacientes o del alcohol.

También se agravan las penas cuando el conductor maneje a una velocidad superior de treinta kilómetros por encima de la máxima permitida en el lugar del hecho, o conduzca sin habilitación o violare la señalización del semáforo o las señales de tránsito.

Por otro lado, se agrava la conducta de quienes cometan homicidios o produzcan lesiones durante una picada o  una carrera de automóviles sin autorización.

Obviamente que el esquema legal no es la solución desde lo judicial, los jueces tendrán la posibilidad de imponer penas más severas pero no necesariamente que conlleven una condena de efectivo cumplimiento.


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Por lo demás si fuera una primera condena y la pena de prisión no excede los tres años, la pena puede dejarse en suspenso y a esto deberemos incluir la posibilidad de la concesión de la suspensión del proceso a prueba, todos extremos que implican que el autor del ilícito no vaya preso.  

Esto es un pantallazo general del nuevo esquema legal en los accidentes viales en materia penal, pero lo singular es que habiendo sido incrementadas las penas en expectativa por este tipo de ilícitos, los siniestros no han disminuido y por el contrario la irresponsabilidad al volante aumenta exponencialmente.

Con solo observar la actitud desaprensiva de quién era funcionario público en el Ministerio de Justicia el mencionado Veppo quién impactó a dos agentes de tránsito matando a uno de ellos y dejando al otro con lesiones gravísimas, notamos que la cuestión es algo que no puede analizarse ligeramente y la ley debe ser en muchos casos más exigente.

En el caso de mención la prisión preventiva como el embargo millonario respecto de Veppo  lo es porque la jueza salió del paraguas del homicidio o las lesiones culposas y encasilló el accionar en un dolo eventual, lo que equivale a decir que el procesado debió prefigurarse que su conducta ocasionaría tal evento dañoso.

Como este agente de tránsito, en promedio mueren en nuestras calles y rutas todos los días veintiún argentinos y el problema ciertamente deja de ser legal para tener una raíz cultural.

Sabemos del peligro potencial que implica conducir un vehículo pero no respetamos al peatón, no respetamos velocidades, no respetamos semáforos, no respetamos señales.

Es que la cuestión ya no pasa por la ley y la prevención general de una pena en expectativa bastante elevada, pasa por la cultura del respeto, pasa por la cultura ciudadana, vivimos en sociedad y debemos interactuar no vulnerar ni pisotear al otro.


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El novelista francés André Malraux nos ilustraba que “La cultura hace al hombre algo más que un accidente del universo”, lo que significa que no puede ni debe pasar desapercibido, pero ese accidente es trascendente, lo que no podemos darnos el lujo es de ser nosotros los ejecutores de accidentes que desequilibren el orden social, a la existencia en comunidad, porque el universo es equilibrio y la vida en sociedad debe serlo.

No toda solución viene de la mano de la ley y de una pena, la educación y la cultura son el plus que separa sociedades pujantes de las que duermen el sueño de los justos.

Nuestros educandos deben aprender normas de convivencia, nuestros funcionarios deben conocer, comprender y saber aplicar las normas, y nosotros debemos ser conscientes del rol que como ciudadanos tenemos al conducir y el deber de cuidado que tenemos ante un elemento altamente riesgoso como es un vehículo.

Lo anterior es educación y cultura ni más ni menos, recién luego viene la ley, que no hace milagros ni de ella se esperan soluciones, cuando actúa es porque lamentablemente ni la educación ni la cultura tuvieron cabida y allí comienzan las lágrimas y el dolor por las víctimas y encontraremos otro inconsciente como Eugenio Veppo. 


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