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Valeria Tentoni: “Lo indecible es el límite que siempre estamos empujando con el lenguaje”

- 21:57 Viceversa

Los cuentos poéticamente breves de Valeria Tentoni reunidos en “Furia diamante” transcurren en el ámbito extrañado de lo cotidiano donde lo acechante y oscuro domina la intimidad de los personajes y las historias por las que transitan.

Una mujer que ha perdido a su marido y un día comienza a ser invadida por babosas, un hombre caníbal que se prepara para vivir su última cena, y un joven que recuerda la historia de un perro y es elegido como victimario por un grupo aparecen en los cuentos, ilustrados por la chilena Javiera Hialut Echeverría.

Tentoni (Bahía Blanca, 1985), que también es autora de los libros de poesía “Ajuar”, “Antitierra” y “Hologramas” dialogó con Télam acerca de esta obra, editada por Leteo.

- ¿Qué lugar considera que ocupa en su literatura lo sugerido, lo no dicho o lo dicho a través de conductas de los personajes?

- Valeria Tentoni: Lo no dicho es tanto más grande y poderoso que lo que efectivamente se dice. En un cuento y en la vida lo indecible es el límite que siempre estamos empujando con el lenguaje, con los actos. Y lo no dicho es tanto más difícil de procesar y de manipular, también: es una negociación intuitiva, pero nunca del todo reglada, y eso me interesó también, que los personajes estén más conectados con su intuición que con su inteligencia, con sus impulsos que con sus represiones. Creo que por ese lado puedo encontrar más libertad. En cierto punto, estos son relatos de mucha intimidad, los personajes están a la intemperie, muy poco maquillados. Están en la vulnerabilidad propia de la desesperación, de la impotencia. Se presentan con toda su monstruosidad, y la monstruosidad siempre es un secreto.

- Los relatos breves y poéticos son una elección en su escritura, ¿por qué los elige y qué te permiten?

- V.T.: La poesía es un modo de estar en el mundo, es como ser de un equipo de fútbol o profesar cierta fe. En cuanto a lo que permite, justamente, ese es el vicio: lo permite todo, lo habilita todo. Es una libertad tremenda la que habilita. Algo de la brevedad debe tener que ver con que escribo poesía, con que en esos casos busco economizar, concentrar. También creo que la brevedad tiene que ver un poco con que no dispongo de tanto tiempo para escribir. Pero eso puede ser bueno, para escribir después de que las historias se hayan pasado un buen rato conmigo, esperando el momento. Y cuando salen, salen bastante completas. A estos cuentos los escribí de un tirón, aunque tuvieron mucho trabajo de corrección posterior. Pero las historias en sí vinieron enteras.

- La oscuridad, lo revulsivo, las obsesiones -en alguno de los relatos- son otras de las características de sus cuentos, ¿cómo concibe la creación literaria?

- V.T.: La literatura para mí es exploración y en ese sentido, tanto como lectora como cuando escribo, busco escrituras que me lleven hacia lo desconocido, lo nuevo, lo que está a la mano, pero todavía no supe ver, el infinito imaginable. En este libro en particular creo que el conjunto buscó explorar, justamente, esos elementos que mencionás. Hace varios años leí un ensayo de Martha Nussbaum sobre la repulsión, sobre el asco, sobre el ocultamiento de lo humano, sobre el terror a la muerte. Creo que se puede haber colado algo de eso. A la oscuridad me gusta pensarla en juego con la luz, y en ese sentido, plagiándole el deseo a Flannery O’Connor, busco el momento en que los personajes asisten, desde la oscuridad, a la irrupción de su propio umbral de luz. Ella lo llamaba “momento de gracia”, creo.

- ¿A qué responde en los cuentos la presencia de babosas y otros animales? ¿Representan una lucha entre “el hombre y la naturaleza”?

- V.T.: Más que una lucha con la naturaleza, creo que intentan un acercamiento a la naturaleza. Los animales, la luz, las nubes o los insectos son todos emisarios de mensajes misteriosos, traen información que a los personajes les cuesta mucho decodificar, aunque lo intentan y se obstinan en conseguirlo. Supongo que también están en pleno reconocimiento de su propia animalidad, en esa plena sorpresa, y por eso muchas veces atacan a estas fuerzas de la naturaleza que no necesitan, como ellos, de la conciencia para mantenerse con vida. En el fondo atacan porque envidian, porque son personajes agobiados por cierto grado de hiperconciencia.

- Ziploc es uno de los cuentos más truculentos ¿de dónde piensa que surgen ese tipo de historias?

- V.T.: “Ziploc” cuenta la historia de un cazador urbano y caníbal. Cuando lo escribí, el desenlace me pareció horroroso, pero este año vi una noticia, en Brasil, que contaba un caso idéntico o más truculento todavía. Me parece que debo haber visto alguna noticia así antes y me quedó guardada en el freezer mental, ese freezer en el que nunca se sabe bien qué tienen los tuppers ni de qué fecha son. También quise trabajar ahí un escenario de mi ciudad natal, Bahía Blanca, que visité trabajando para cubrir una noticia: los barrios que quedaron atrapados en la zona del polo petroquímico local, un territorio tan contaminado que es imposible que no altere las cosas.

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