×

Ladislao Biró: el gran inventor argentino

Por Eduardo Lazzari. Historiador

- 22:04 Santiago

Una frase que es habitual en el lenguaje de los argentinos sirve para mostrar el ingenio, la inventiva y sobre todo el carácter frente a las dificultades: “Lo atamos con alambre”. Es la síntesis del genio práctico que ante un problema, logra resolverlo, incluso con precariedad e improvisación. Pero las cosas siguen funcionando. Están quienes atribuyen esta virtud a los avatares de la historia de nuestro país, que nos impiden seguir adelante con planes ordenados, y otros lo adjudican a la falta de método que asola a nuestra sociedad. Pero es indudable que es una muestra de capacidad que ha permitido la extensión de la vida de ingenios mecánicos, eléctricos y tecnológicos por encima de lo esperado.

El caso de la usina atómica de Atucha I, en la que un accidente ocurrido en 1999 provocó un derrame de uranio que puso en riesgo su existencia y puso a la central atómica frente a la posibilidad de un evento trágico, es una gran muestra del ingenio argentino. Los diseñadores alemanes de la central, al evaluar el incidente, dieron por terminada la vida útil de Atucha I y recomendaron su cierre y clausura definitiva. Pero técnicos argentinos diseñaron un robot que permitió reparar el daño, contener los riesgos y la central atómica sigue hoy funcionando con normalidad.

El personaje que hoy conoceremos, uno de cuyos inventos suele estar habitualmente en nuestras manos, quizá en este preciso momento, es un genio que amó a nuestro país y su creatividad mecánica hizo posible que el mundo mejorara notablemente: el húngaro Ladislao José Biró, el inventor del bolígrafo: la “birome”.

NACIMIENTO, FAMILIA Y FORMACIÓN

László József Bíró nace el 29 de septiembre de 1899 en Budapest, capital del reino de Hungría, que por entonces integraba el Imperio Austro-Húngaro. Eran los tiempos de Francisco José I e Isabel, la famosa emperatriz Sissi. El hogar formado por Mózes Mátyás Schweige, que se ganaba la vida como dentista, y Janka née Ullmann, que se encargaba de las tareas domésticas, recibió a Ladislao con pena, ya que le habían anticipado que por su poco desarrollo durante el embarazo no iba a vivir mucho tiempo. Vivían en la calle Nagymező, donde se afincaban los judíos en Budapest.

Ladislao tenía un hermano llamado Jorge, junto al cual asistieron a la escuela y se graduaron en el nivel secundario. Desde pequeño se mostró muy curioso y al llegar a la juventud, comenzó a trabajar en un periódico llamado “Hongrie Magyarország”. Estudió medicina, pero no llegó a terminar los cursos. Su espíritu inquieto le permitió incursionar en la hipnosis, la pintura, y se convirtió en uno de los primeros deportistas del automovilismo en su país, además de realizar curiosas investigaciones sobre las hormigas. Pero lo que iba a ser su característica para la historia fue su facilidad en concretar inventos de gran utilidad práctica.

INVENTOS

Si bien el bolígrafo es su invento más difundido en el mundo y uno de los artículos cotidianos de mayor fabricación universal, Ladislao dedicó su genio a diversas creaciones con la simple finalidad de mejorar la vida habitual. Por eso, a pedido de su esposa, diseñó un modelo de lavarropas electromecánico. Un perfumero, que aplicaba un sistema parecido al que luego iba a desarrollar para el bolígrafo, iba a ser adaptado por algunas fábricas de artículos de belleza para utilizarse como desodorante a bolilla. Creó un sistema para mejorar la resistencia de las varillas de acero, un proceso químico para la fabricación de resinas fenólicas, fabricó una boquilla contra las toxinas del cigarrillo y diseñó una turbina para la fuerza mareomotriz.

El desarrollo de una caja de velocidades automática para automóviles le permitió venderle la patente a la empresa estadounidense “General Motors”, con lo que mejoró notablemente su vida económica. Pero su obsesión era lograr un elemento de escritura eficaz, que no manchara y que no necesitara una recarga permanente para ser usada. Lo iba a lograr en el país que iba a adoptar como su lugar en el mundo: la Argentina.

SU VIDA EN LA ARGENTINA

El avance del nazismo sobre Austria, en 1938 y posteriormente sobre Hungría, con su dramático impulso al antisemitismo, hizo que los hermanos Biró decidieran viajar a la Argentina, ayudados por su amigo Juan Jorge Meyne, llegando a Buenos Aires en el buque “Ciudad de Sevilla” el 24 de julio de 1940. En el registro migratorio figura Ladislao José como arquitecto de 41 años. Al poco tiempo llegarían su esposa Elsa Schick y su hija Mariana. La familia se instaló en el barrio porteño de Colegiales. El viaje a nuestro país no fue casual sino que respondió a una invitación de Agustín P. Justo, ex presidente argentino, quien conoció a Biró en Europa y se acercó a él fascinado por esa lapicera extraña que no necesitaba recargarse y que tenía un trazo tan parejo.

La hija de Ladislao, Mariana, explicó el proceso que llevó a su padre a la invención de la “birome”, que es la marca comercial del bolígrafo, con estas palabras: “Mi padre fue también periodista y redactaba una columna en una revista de vanguardia de Budapest. Habitualmente usaba una lapicera fuente… que manchaba o no escribía cuando más lo necesitaba. Observando cómo la revista se imprimía, decidió que ese rodillo, que era capaz de tirar tinta sin manchar, debía reducirse para uso manual: una pequeña esfera en un tubo capilar, con una tinta especial que fluyera por la fuerza de gravedad y se secara instantáneamente en el papel”. Así nació el invento más argentino de todos.

En 1940 Ladislao y Jorge Biró fundan, asociados con Juan Jorge Meyne, la empresa “Biró, Meyne Biró”, que en un garaje contrató a 40 operarios, para dedicarla a la fabricación del bolígrafo y perfeccionar el invento. La “birome”, marca comercial del bolígrafo formada por las sílabas inciales de los apellidos de los socios Biro y Meyne, fue patentada el 10 de junio de 1943. El lanzamiento al público fue de un producto demasiado caro para la época, ya que el precio era de 320 pesos. Así fue que inicialmente se vendía como un lapicito a tinta para niños, pero finalmente se impuso como una grandiosa herramienta de trabajo. Entre sus virtudes se encontraba el hecho de ser la primera “lapicera” que permitía el uso del papel carbónico, hasta entonces reservado a las máquinas dactilográficas de escribir.

En sus distintas dimensiones, puede decirse que la “birome” cambió la vida de la humanidad. Pocos seres humanos no la conocen y todos los bolsillos y carteras tienen uno para “salir del paso”. El impacto social del invento de Biró puede medirse en la venta de su patente a dos gigantes de la provisión de elementos de escritura: “Evershap Faber” de Estados Unidos compró la patente en dos millones de dólares en 1943, y ocho años después el francés Marcel Bich adquirió la marca y fundó la fábrica “BIC”.

En una entrevista, Ladislao Biró mostró otra consecuencia de su invento. Dijo: “Mi «juguete» dejó 36 millones de dólares en el tesoro argentino, dinero que el país ganó vendiendo productos no de la tierra sino del cerebro”. Aún hoy la Argentina no ha asimilado como corresponde esta enseñanza del gran inventor argentino. Decimos argentino porque don Ladislao y su esposa adquirieron la nacionalidad de nuestro país.

Por esas razones extrañas de nuestra historia, la empresa de Biró y Meyne termina quebrando. Un amigo quiso convencerlo de seguir adelante, pero no lo logró. Ese amigo, que era proveedor de la firma, de apellido Barcelloni, decidió dedicarse él a la fabricación de bolígrafos y contrató a Ladislao para que fuera el gerente del emprendimiento.

En 1969 Biró publicó un libro de memorias llamado “Una revolución silenciosa”. Culminar esta biografía sin comentar que patentó decenas de perfumes que no llegaron a fabricarse industrialmente, es omitir ese aspecto romántico de un hombre de acción total.

MUERTE Y HOMENAJES

Don Ladislao murió en Buenos Aires el 24 de octubre de 1985. Actualmente el 29 de setiembre se celebra en la Argentina el “Día del Inventor” en su homenaje, recordando el día de su nacimiento. Su hija Mariana, al cumplirse el centenario del nacimiento de su padre, creó la Fundación Biró, para la inventiva y la educación, una institución que promueve la creatividad y brinda todo tipo de servicios vinculados a estos fines. Su sede está en la calle Crámer 450 de la ciudad de Buenos Aires. Sin duda, la sociedad argentina aún no ha realizado el gran homenaje que Biró merece, ya que su acción alcanzó beneficios para toda la humanidad. Sin duda, han sido escritas más palabras con la “birome” que con cualquier otro elemento de escritura a lo largo de la historia.


Más noticias de hoy