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Mi motor de vida

- 09:23 Opinión

Por el Lic. Bernardo Stamateas.


Hay gente que se siente humillada cuando queda en evidencia que “no sabe algo”. En el fondo, se sienten torpes y desearían borrar esa situación de sus vidas. Pero lo cierto es que los seres humanos somos, o deberíamos ser, “eternos alumnos” porque, de ese modo, aprender (aunque sea de manera informal) se transforma en nuestro motor de vida que nos ayuda a crecer y avanzar.

¿Cuáles son los dos primeros escalones en todo proceso de aprendizaje?

1. Reconocer que no sé

Cuando nos damos cuenta de que no sabemos, por lo general, nos sentimos ridículos, ignorantes, inútiles, defectuosos, novatos. Pero es fundamental aceptar este hecho sin avergonzarnos ni llenarnos de ansiedad porque, de lo contrario, no hay espacio para incorporar algo nuevo. Alguien que jamás reconoce que no sabe es incapaz de aprender.


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¿Por qué a veces nos cuesta admitir nuestra ignorancia en algún área específica? Porque tal reconocimiento nos empuja a abrirnos, a flexibilizarnos a nivel mental, a mejorar y a crecer. En realidad, cuando no aceptamos que no sabemos, tenemos temor de que otros nos rechacen y nos juzguen por ello. Y para colmo de males, la cultura en la que vivimos celebra a los que saben pero se burla cruelmente de los que no saben. Todos podemos aprender algo nuevo, si estamos dispuestos, de todo y de todos todo el tiempo.

2. Reconocer que soy torpe en esa área

Toda vez que estamos aprendiendo algo nuevo, por ejemplo a andar en bicicleta o a conducir un automóvil, realizamos esa actividad de forma torpe al comienzo. Porque somos principiantes. Se trata de la “torpeza del aprendizaje” que debemos sí o sí atravesar y aceptar de buena gana para llegar a la meta. Pero si no superamos la vergüenza, seguramente hallaremos excusas para abandonar (es decir, escapar). O lo que es peor, nos convenceremos de que “ya sabemos lo suficiente y no necesitamos aprender nada más”. Dicha actitud nos vuelve pseudocompetentes, lo cual puede llevarnos a equivocarnos grandemente.

Una vez que hemos subido esos dos escalones, somos capaces de aprender, independientemente de la edad que tengamos. E incorporamos el aprendizaje en nuestra vida como algo permanente, como un motor de vida, que nos permite superarnos a nosotros mismos un poco más cada día. Esto nos libera de la necesidad que muchos tienen de competir con los demás.

Resumiendo, todo proceso del aprendizaje incluye estas dos etapas: 1) reconocer que no sé y 2) permitirme sentirme torpe. Quien admite que no sabe puede expresarlo, y preguntar o pedir ayuda, sin temor al ridículo. Algunos creen que aprender se limita a la niñez o los primeros años de vida. ¡Nada más lejos de la realidad!

Todos estamos aprendiendo todo el tiempo hasta el último día sobre esta tierra. Las personas y las circunstancias, si estamos dispuestos, siempre tienen algo para enseñarnos. Y ser lo suficientemente humilde como para aceptar esto nos abre un mundo de posibilidades, aun en medio de las crisis y las adversidades.

¡Nunca dejes de aprender y disfrutarlo!

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