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Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,7-9)

- 23:57 El Evangelio

En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Herodes se decía: “A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?”

Y tenía ganas de ver a Jesús.

Comentario

Después de que Herodes mandara matar a Juan el Bautista, los gestos y palabras de Jesús le llenaban de inquietud, dice el texto que no sabía a qué atenerse ya que algunos decían que Juan había resucitado en su persona.

Lo cierto es que el carácter profético de Jesús no limpió la conciencia de Herodes por la muerte de Juan, ni su pecado que era vivir con la mujer de su hermano, Herodías.

¿Qué le sucedía a Herodes? Se dejó seducir por un baile y comprometió la mitad de su reino, y eso le valió la vida a Juan el Bautista.

Y a veces nos ocurre que desde la insensatez comprometemos la mitad de la vida, y eso tiene como consecuencia la vida de un hombre.

De ahí que el oír hablar de Dios despierta la curiosidad de Herodes, “Tenía ganas de verlo”.

Pero ni a Dios, ni su acción salvadora se logra verlo o experimentarlo solo por la curiosidad o las ganas de verlo.

Se necesita del compromiso personal, la realidad de querer asumir su salvación de perdón y redención.


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