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Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,18-22):

- 00:21 El Evangelio

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”

Ellos contestaron: “Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas”.

Él les preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

Pedro tomó la palabra y dijo: “El Mesías de Dios”

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.

Y añadió: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día”.

Comentario

“Estando una vez orando a solas...” ¡Cuánto nos gustaría asomarnos a esa intimidad de Jesús con el Padre en la oración! Por la pregunta que dirige a los discípulos, da a entender que el tema de la oración era cómo estaba reaccionando la gente de Galilea a sus enseñanzas.

Jesús quiere cumplir con fidelidad la voluntad del Padre de reinar en medio de su pueblo.

Ese apremiante deseo lo hace caminar de sinagoga en sinagoga, “recorría toda Galilea proclamando que el Reino de Dios está cerca”, dice el texto.

Jesús es humano y quiere ver los frutos de sus esfuerzos.

¿Habían comprendido las multitudes lo que habían visto y oído de Él? ¿Dónde están, qué hacen, a qué se dedican tantos que lo han escuchado? ¿En qué ha mejorado el ambiente de aquellas comunidades rurales después de escuchar su palabra y de ver sus milagros? Muchas preguntas, ciertamente.

Se hace presente seguramente también en su oración aquella variedad de opiniones tan diversas acerca de quién es Él. La gente lo identifica sin más con algún personaje famoso del pasado, pero a Él no lo han reconocido todavía, por eso pregunta directamente a sus discípulos:

-’Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’

Hoy también el debate sobre Jesús sigue más abierto que nunca, jaleado además por los más variados intereses y al servicio de una audiencia que no conoce fronteras gracias a la globalización. Hablar de Jesús siempre suscita interés. Él no deja a nadie indiferente, porque su palabra, su persona toca las fibras más profundas del corazón humano.

¿Quién soy yo para ti, querido amigo, querida amiga?, nos pregunta Jesús ahora al terminar de leer este texto.l


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