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Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 19-31

- 23:16 El Evangelio

Siguiendo con el viaje de Jesús a Jerusalén, Lucas añade la parábola del rico y Lázaro.

En ella, Jesús anuncia con toda claridad la disparidad de destinos en la vida futura; el mal uso o abuso de las posesiones materiales tendrá su pertinente contrapartida más allá de la muerte. La ostentación del rico, su vida suntuosa, su desinterés por el pobre Lázaro están en contrataste con sus respectivos destinos en el más allá: para Lázaro suprema bienaventuranza en el seno de Abrahán, para el rico acumulación de tormentos en el Hades (país de los muertos).

El rico en medio de los tormentos pide a Abrahán que envíe a Lázaro a la casa de su padre porque tiene cinco hermanos y no quiere que corran su misma suerte, es decir, sufrir en el país de los muertos. Abrahán responde que tienen a “Moisés y los Profetas” y que deberían escucharlos. Pero, el rico insiste, pidiendo que lo envíe porque de esa manera se convertirán. A este pedido, Abrahán responde: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.”. Lo que el rico pretende es que Abrahán envíe a Lázaro a visitar a sus hermanos, no para legitimar con un milagro la palabra de Dios ya manifestada en el Antiguo Testamento, sino para incitar a su familia a una auténtica conversión, para que no vayan a parar también ellos a ese suplicio irremediable.

Conclusión

A pesar de que en este relato no se mencione la llegada del Reino, es obvio que supone su instauración por el ministerio, muerte y resurrección de Jesús. La presencia del Reino provoca una crisis en los valores vigentes: la acumulación de riquezas, el despilfarro y la ostentación son inapropiados para los discípulos de Jesús y están ligados a su suerte futura. Aunque la primera parte de la parábola sugiera explícitamente el cambio de destino en el más allá, la enseñanza no se circunscribe a esta realidad como una especie de “amenaza” contra aquellos que utilizan egoístamente sus riquezas, sino que también es una invitación radical a los discípulos a desprenderse de los bienes materiales compartiéndolos con aquellos que han sido menos favorecidos en la vida.

La novedad del Reino pone en crisis los valores vigentes de la sociedad capitalista hoy. El valor de las personas no está en sus riquezas materiales, ni en el prestigio mundano de la fama y el poder. Sino en nuestra capacidad de amar, de servir, de compartir con los que menos tienen. El que así vive, al igual que Lázaro (que significa Dios ayuda) tiene un nombre digno, mientras que el rico, en la parábola, carece de nombre.

Esta parábola es una invitación a los cristianos y a los hombres de buena voluntad a compartir los bienes con los pobres y a trabajar por un mundo de igualdad y justicia para todos.


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