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Existe una nueva luz para iluminar al mundo

Evangelio según san Lucas (9,46-50)

- 23:49 El Evangelio

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante.

Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: “El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante”.

Juan tomó la palabra y dijo: “Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir”.

Jesús le respondió: “No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro”.

Comentario

Lucas pone en boca de Jesús una palabra profética, que contrasta con lo que, en sus días, supuso la predicación del reino.

En torno de él hay incomprensión, oscuridad, falta de fe.

Y, sin embargo, él asegura que la luz acabará iluminando y lo oculto terminará por conocerse y valorarse.

El aparente fracaso de la predicación de Jesús desembocará en la dinámica misionera de la predicación eclesial.

La comunidad cristiana no debe encerrarse en sí misma, sino ejercer un servicio a la humanidad dando a conocer el mensaje del Evangelio, que es una buena noticias para todos. Los creyentes tienen conocimiento de los misterios del reino y se han adherido a ellos por la fe, a la que han llegado escuchando la predicación.

Esa misma predicación que ahora les toca difundir por todas partes.

Jesús advierte también de algo que parece paradójico e injusto: “Al que tiene se le dará; al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener”.

Parece que Lucas se refiere a la escucha de la Palabra: el que escucha con interés crecerá en su escucha, es decir, en madurez cristiana. El que, por el contrario, escucha superficialmente y sin interés, perderá incluso lo poco que había comprendido.

Una respuesta generosa y perseverante a la Palabra de Dios nos llevará a un mayor compromiso con ella y con su difusión.

En definitiva, somos testigos del Resucitado, gozosos porque vive entre nosotros y nos comunica su vitalidad.

Somos también iluminados por la claridad de su presencia y enviados a difundirla, para que “los que entren vean la luz” y acierten a caminar por la senda que les conduce a la meta.

Preguntémonos, en síntesis: ¿De qué nos sentimos liberados y cómo experimentamos la intervención de Dios en ello? ¿Somos luz para el mundo de hoy en nuestra vida diaria? ¿Qué significa esto, desde nuestro punto de vista?l


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