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“Id por el mundo anunciando el evangelio de la paz”

Evangelio según san Lucas (10,13-16).

- 22:34 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús: “¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno.

Quien a vosotros os escucha a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado”.

Reflexión

El calendario litúrgico ha querido hacernos coincidir en esta semana varios pasajes evangélicos centrados en la pequeñez de un niño como modelo de vida cristiana; y a la vez, ha querido mostrarnos testigos diversos (muy distintos!) que entre otras cosas, tienen en común su pasión misionera por extender el Evangelio y su convencimiento interior por vivir sencilla y humildemente.

Teresa de Liseaux, Francisco de Borja y, hoy, Francisco de Asís. Sin duda, el más universal y representativo signo de la pobreza y la sencillez, no sólo para los creyentes sino para todo el mundo. Francisco fue más que pequeño: ¡quiso ser menor!, siempre menos que...

Cuentan de Francisco, que allá por el año 1208, recién terminada la reparación de la iglesia de San Damián, solía vestir con túnica, sandalias, cinturón de cuero y bastón; usaba alforja y recibía limosnas, hasta que un día, en misa, oyó el pasaje evangélico de hoy y exclamó: “Eso es lo que buscaba, y lo que quiero practicar con todo mi corazón”, y se desnudó de nuevo. En adelante no quiso tener nada más.

De vez en cuando la Historia nos regala personas que hacen realidad lo que muchos soñamos o teorizamos. Francisco vivió la pobreza y sencillez del Evangelio de una manera tan real, que parece no imitable.

Quizá es don particular de Dios a Francisco y en él, a la Iglesia y al mundo. Pero a nosotros, al menos, sí puede Dios ayudarnos alimentando nuestro deseo, nuestra fe y nuestra esperanza de vivir en semejante desnudez (más allá de los bienes materiales).

¡Poneos en camino!, dice Jesús en el Evangelio de hoy; quizá esa se la clave. ¡No estéis quietos! Sois enviados, id desnudos, sin historias ni complicaciones ni ambiciones extrañas... sin nada.

Porque una tentación es que, al ver que no somos Francisco y que no dejamos la alforja ni las sandalias..., dejemos de preguntarnos cada día por nuestra particular desnudez, pobreza, sencillez, disponibilidad evangélica.

En medio del mundo, como corderos en medio de lobos, y aún así, desnudos, sin nada. Siempre menores y diciendo con la vida: ¡qué cerca está el reino de Dios!

El ejemplo de una forma distinta de vida y de valores, la confesión valiente del motor de nuestros actos, nuestra fe en Jesús salvador y en el Dios Padre que alienta en nuestra creación. Jesús no nos garantiza ser escuchados ni tener éxito.

Sólo nos urge a dar testimonio, a ser mensajeros de su evangelio, de la alegría de la salvación que ha acaecido en nuestro mundo. Creemos en la presencia de Dios creador capaz de seguir regenerando nuestro mundo y posibilitando la justicia y la salvación para todos los hombres.

Nuestra tarea es sembrar, luchar, transmitir..., pero el fruto será obra de Dios.


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