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Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 17,3-10

- 23:02 El Evangelio

Seguir a Jesús, hacerse sus discípulos, es una respuesta desde la libertad que las personas damos a quién nos llamó. La fe es y será siempre, un don gratuito que Dios nos da, inmerecido de nuestra parte, y que permanentemente hay que sostener. Por eso, la genuina oración del creyente consiste en pedirle a Dios que aumente su fe, que la sostenga para poder seguir a Jesús, para dar testimonio de su vida y de la llegada del Reino en el mundo.

Creer principalmente significa confiar, abandonarse en Jesús, vivir en intimidad con él, escuchando cotidianamente su palabra, discerniendo su voluntad: “cómo debo ser” y “cómo debo vivir” mi discípulado. ¿Qué lugar ocupa Jesús en mi vida?¿Qué estoy dispuesto a dejar para seguirlo? ¿Me alegra ser su amigo? ¿Proclamo su vida y enseñanzas con toda mi vida? ¿Lo niego en la adversidad y frente a la incomodidad que a veces significa mostrarme como su discípulo?

La fe está llena de dudas, es simplemente una fe humana, limitada y necesitada de permanente auxilio de parte de Dios. Por eso, es necesario decirle a Jesús, “Señor creo, pero aumenta mi fe”.

Esa fe, vivida en comunidad, de cara a los hermanos, es la que me permite perdonar siempre las ofensas que me hacen, perdonar como Dios me perdona, con misericordia, comprendiendo la fragilidad de los demás que es igual a la mía: ““y si te ofende siete veces al día y vuelve siete veces a decirte: ¡lo siento¡ deberás perdonarlo”. El perdón es un signo que hace creíble la fe, porque nos emparenta con Dios que es amor y siempre perdona.

Igualmente, la fe como respuesta al llamado de Dios, supone el servicio, desinteresado, sin fingimientos, reconociéndonos como servidores. No somos más que eso, servidores del Reino de Jesús, sin mérito alguno, sin esperar nada a cambio, servir porque es el único modo de manifestar nuestro amor.

Conclusión

Estas enseñanzas de Jesús encuentran en Lucas cierta unidad a partir del tema de la fe. El discípulo que escucha la palabra de Jesús y lo sigue en su camino hacia Jerusalén donde consumará su ministerio, tiene que pedir una fe más grande, para vivir el perdón como signo distintivo de la comunidad cristiana y poder cumplir con generosidad su servicio a la causa de Jesús: el Reino de Dios. Una fe mayor, don gratuito de Dios, posibilita una vida fecunda de fraternidad en la comunidad donde el perdón es ilimitado, como el del Padre y el servicio se vuelve entrega desinteresada y generosa, como la del Hijo. Cuando los cristianos vivimos la fe de esta manera hacemos creíble el mensaje del Señor y seguramente muchos querrán ser parte de este proyecto que comenzó y consumó Jesús.


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