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Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,15-26

- 00:22 El Evangelio

En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: “Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios”.

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.

Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: “Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: “Volveré a la casa de donde salí”. Al volver, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio”.

Reflexión

Es, de nuevo, una de las frases lapidarias de Jesús. Una más que trata de responder a la cuestión que le plantean sus cada vez más numerosos enemigos. La señal guerracivilista que aplica a las acusaciones de atacar al demonio en alianza con el propio demonio, es fácil de entender. Nadie puede sobrevivir luchando en contra de sí mismo.

Puede que por este camino podamos encontrar alguna aplicación personal de un relato aparentemente claro y sencillo. Pero puede que no sea tan sencillo ni tan claro. Puede que Jesús esté intentando enfrentarnos con nosotros mismos de forma que lleguemos a tomar alguna decisión personal con respecto al mensaje y la misión de Cristo.

¿Quién de nosotros, posiblemente con buenísimas intenciones, no nos hemos evadido de la realidad, excusando realizar un acto bueno porque nos parecía demoniaco?

Creo que el mensaje de Jesús que hoy escuchamos no deja lugar a dudas: mira tu interior, trata de mirar con los ojos del Maestro, contempla lo que te enseñó y actúa en consecuencia. Sólo así evitarás desparramar en lugar de recoger.

En otro lugar Jesús va a decir que el que habla bien de él, aunque no sea del grupo, es merecedor de respeto porque no está en contra.


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