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Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 12, 8-12

- 23:33 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir”.

Reflexión

Las primeras palabras de Jesús en el evangelio de hoy, las entendemos con facilidad. El que se ponga delante de los hombres de parte de Jesús, el Hijo del Hombre, él hará lo mismo ante “los ángeles de Dios”.

Y el que le niegue ante los hombres, de la misma forma, él lo negará ante “los ángeles de Dios”. Estas palabras suyas las entendemos mejor con lo que nos dice a continuación sobre el perdón: “Al que hable contra el Hijo del Hombre se le podrá perdonar”. El ofrecimiento de perdón por parte de Dios llega hasta perdonar, suponemos que con el debido arrepentimiento, al que haya hablado mal de Jesús.

Perplejos nos deja la otra afirmación de Jesús: “Al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará”. ¿Cómo hacer compatible esta afirmación con el ofrecimiento continuo por parte de Dios de su perdón y de su amor? Los exégetas buscan una explicación.

La más común entre ellos es que no se puede perdonar al que blasfeme contra el Espíritu Santo porque es el que viendo la luz, el que viendo su mal, no quiere arrepentirse, no quiere recibir el perdón, es “el que rechaza y resiste con obstinación al Espíritu Santo”.

“Como todo depende de la fe, todo es gracia”. No sé qué es más difícil, aceptar que todo depende de la fe o que todo es gracia... No sé qué nos hace más bien, saber que todo depende de la fe o que todo es gracia... Quizá sólo desde ahí podemos esperar contra toda esperanza, como nuestro padre Abraham.

Sólo se espera lo que no se posee, lo que no se ha logrado. Sólo podemos esperarlo si con humildad reconocemos nuestra indigencia, nuestra necesidad, nuestro vacío... Esperamos lo que deseamos de todo corazón. Todo es gracia. ¡Ay si os creyéramos esto! No viviríamos tan preocupados de “lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir”.

Reconozco que me falta fe y sobre todo, me falta esperanza; quizá porque me falta amor, porque tantas veces no sé amar bien, bien, bien. Aunque bien mirado, quién sabe si como escribió Charles Péguy, nuestra fe y amor son tan pobres porque no cuidamos nada a la pequeña esperanza... Que la poesía nos lo diga al corazón, allí donde el Espíritu Santo no deja de regalarnos el gesto y la palabra oportunos... siempre que le esperamos.


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