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Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 20-25

- 23:41 El Evangelio

En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios.

Jesús les contestó: “El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros”.

Dijo a sus discípulos: “Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación”.

Reflexión

Lucas nos habla en boca de Jesús del Reino de Dios. ¿Dónde ubicarlo? ¿Cuándo y dónde se manifestará? Era la pregunta de los fariseos. Y Jesús contesta que no hay tiempo ni lugar para el Reino de Dios.

Es algo que se encuentra dentro de ti. Se manifestará en la intimidad de la fe. Cuando me adhiero al reino de Dios, para Jesús ya se ha manifestado ese Reino de Dios.

Pero seguimos buscando cosas extraordinarias, y espectaculares para creer en Dios, y Dios se manifiesta en la sutileza de la vida. Cuando Elías buscaba a Dios, lo buscaba entre terremotos y huracanes, pero al final lo encontró en una brisa suave.

Dios permanece en nuestro interior como una semilla que se ha de cuidar, y hacerla germinar. Germinar, sacar a la luz, descubrir, encontrar son las acciones que podemos realizar cuando se trata de Dios. Dios espera a nuestra libertad de comprensión, espera a cuando te veas preparado para aceptarlo en tu vida.

Pero antes de que se presente esa manifestación tan rápida como un relámpago, el hijo del hombre tiene que padecer. Ese es el anuncio de la pasión de Cristo que hace Lucas al final del Evangelio. Para encontrarnos en la manifestación del Reino, cada uno tiene que pasar por la pasión y resurrección de Cristo.

Padecer el desprecio, la negación, el insulto, la traición, la soledad, el abandono, el despojo, la muerte. Esas son las formas de padecer en que se rechazó al Mesías. Esas fueron también las formas del rechazo del Reino de Dios.

Podemos pensar que todo acabó con ese padecer, y que nosotros acabaremos con nuestros padecimientos, pero todo apunta hacia la cruz.


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