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Santo Evangelio según San Lucas (17,26- 37)

- 00:10 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán”.

Ellos le preguntaron: “¿Dónde, Señor?”. Él contestó: “Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo”.

Comentario

En tiempos de Jesús, como en otros momentos de la historia de Israel, había un sentimiento de que algo se acababa, o se tenía que acabar... La situación de dominación y sometimiento al Imperio Romano se les hacía insufrible. Y esperaban una gran y espectacular intervención de Dios para hacer justicia y poner las cosas en su sitio. Se utilizaba a este prpósito un lenguaje, de origen profético, en el que abundaban imágenes de cataclismos, destrucción, apariciones celestiales... Se referían al “día de Yahweh”, el día del Juicio, “el día del Hijo del Hombre”, el día de la salvación de sus fieles, y la destrucción de los enemigos, y un nuevo mundo esplendoroso. No pocos se aventuraban a fijar fechas y a detectar señales de la proximidad de ese “día”, o decían tener “revelaciones” al respecto, con las cuales metían miedo o amenazaban llamando a la conversión. Interpretaban y esperaban que literalmente ocurrieran esas manifestaciones y destrucciones.

Por otro lado, las primeras comunidades cristianas (de esto tiene mucha experiencia San Pablo), habían relacionado todos esos fenómenos con Jesús de Nazareth, resucitado de entre los muertos. Y esperaban su inminente retorno como Juez, cumpliendo las profecías del Antiguo Testamento que hablaban de la llegada del Hijo del Hombre... Pero ese momento se estaba retrasando más de lo que ellos suponían... y algunos se desanimaban, mientras que otros “esperaban” olvidándose de sus responsabilidades cotidianas. En este contexto sitúa Lucas estas palabras de Jesús, para dirigirse a sus comunidades del año 80, en las que subraya que el Juicio y la Salvación y el Día de Yahweh/día del Hijo del hombre tiene lugar, se juega, en las cosas normales de nuestra vida, vividas desde la perspectiva pascual. Con algunos matices. Me explico: Por una parte intenta desplazar la atención desde los fenómenos ‘apocalípticos’ hacia la responsabilidad, el estilo, el compromiso diario de ser testigos del Señor, con la entrega (“perder”) de la propia vida a la causa del Evangelio... para poder “recuperarla”. No hay que esperar que las cosas se resuelvan “desde arriba”, con intervenciones celestiales, sino en el campo, en casa, moliendo, en la cama...

Por otra, hay que prestar atención para no vivir absorbidos, distraídos, despreocupados de las señales de que algo nuevo está surgiendo ya (desde la presencia de Jesús entre nosotros, y sobre todo desde “aquella noche”). l


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