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“Que os suceda conforme a vuestra fe”

Evangelio según san Mateo (9,27-31)

- 22:53 El Evangelio

En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: “Ten compasión de nosotros, hijo de David”. Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: “¿Creéis que puedo hacerlo?”.

Contestaron: “Sí, Señor”.

Entonces les tocó los ojos, diciendo: “Que os suceda conforme a vuestra fe”.

Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: “¡Cuidado con que lo sepa alguien!”.

Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

Comentario

De lejos, de muy lejos, ya a través de los profetas, nuestro Dios quiere infundirnos el optimismo. El optimismo vital, para que vivamos con la convicción de que el bien va a triunfar sobre el mal, la bondad sobre la maldad.

“Pronto, muy pronto”... la vida de los hombres será la que proclama hoy el profeta Isaías. La felicidad plena alcanzará a todos: a los sordos, a los aquejados de tinieblas, a los oprimidos, a los pobres... En cambio, los cínicos, los despiertos para el mal, los tramposos, los que hunden al inocente, serán aniquilados.

Los cristianos, como cualquier persona, padecemos los sufrimientos propios de nuestra limitación humana en nuestro paso por la tierra. Pero esos sinsabores los sufrimos desde la unión y amistad con Cristo, el Señor, el que ha vencido a la muerte y al mal, resucitando al tercer día, y el que “pronto, muy pronto” nos va a regalar la resurrección a esa vida de total felicidad después de nuestra muerte.

Que los ciegos vean es uno de los signos, anunciados en los textos proféticos del Antiguo Testamento, de la futura venida del Salvador, el Enviado de Dios.

En el Evangelio de hoy contemplamos precisamente una de las curaciones de ciegos que Jesús realizó.

Es uno de los signos que permiten reconocer al Mesías, pero hay otros. Isaías, en el texto que hoy escuchamos, recoge algunos de ellos: los sordos oirán, los ojos de los ciegos verán, los oprimidos se alegrarán, los pobres se llenarán de júbilo, de la tierra muerta surgirá la vida... Son signos que acompañan y anuncian la llegada del Mesías y la presencia del Reino. Son signos que Jesús realizó, con la clara intención de mostrar con ellos que él era quien pretendía ser: el Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador. Así, su anuncio de que con él ha llegado el Reino de Dios, la Buena Noticia que traía a los pobres, queda refrendado por los signos que realiza.

La Iglesia recibió del mismo Jesús la encomienda de continuar su misión. Hoy, por la fuerza del Espíritu Santo, la Iglesia ha de hacer presente al Salvador en nuestro mundo. Por eso, las comunidades cristianas continuamos anunciando el Evangelio y proclamando la Palabra del Señor. ¿Cuáles son los signos que hoy día hacen creíble nuestro anuncio del Reino y la pretensión de la presencia del Señor a través de su Iglesia? Si estamos realizando nuestra misión en fidelidad a Jesucristo, también nos acompañarán los signos de su presencia y de la cercanía del Reino.

Quizás de otra manera, eso sí, pero habrán de acompañarnos. El mismo Jesús lo prometió.

Donde hay Iglesia fiel a su misión, el Señor se hace presente, y los signos de ello son bien reconocibles: los enfermos son acompañados en su dolor, los oprimidos en sus luchas por la liberación, los pobres en su miseria.

La auténtica Iglesia de Jesús es la que está ahí, con ellos, a su lado, compartiendo sus situaciones, su sufrimiento, luchando con ellos. Y entonces se obra el milagro: la alegría y el júbilo emergen de sus rostros, la solidaridad y el amor de sus corazones, la paz y la justicia de sus manos. Porque en ellos nace la esperanza: el Señor está con nosotros; Dios es “Dios con nosotros”.


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