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Características en la neurobiología de una persona con TDAH

Por el Lic. Mariano Vega Botter. Neuropsicólogo.

- 01:05 Para vivir mejor

Pese a lo relevante de la cuestión, son relativamente escasos los estudios que han orientado su foco de interés hacia la expresión clínica del TDAH en la adolescencia. Esta etapa del desarrollo resulta extremadamente importante para afianzar vínculos sociales extrafamiliares, tomar decisiones respecto al futuro, conformar la identidad, descubrir la sexualidad y en definitiva construir los cimientos sobre los que se erigirá la persona durante los años venideros. Por ello resulta esencial conocer el modo en que el TDAH podría limitar, o acaso dificultar, la adquisición exitosa de tan relevantes hitos evolutivos. Especialmente por el hecho de que existe amplia evidencia empírica sobre la posible permanencia de los síntomas en esta transición entre ambos períodos vitales, aunque sujetos a “transformación” como resultado de la interacción entre la experiencia de vida, las exigencias del entorno y la efervescente maduración del sistema nervioso central. El acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, el manejo de las expectativas (a veces contradictorias) de la familia y las amistades e incluso el inicio de las primeras relaciones íntimas, pueden verse comprometidos por los retos que el TDAH impone para quien lo padece. Tampoco es infrecuente que concurran dificultades adicionales en el área de la salud mental, como trastornos anímicos y de ansiedad, los cuales requieren una atención especializada e independiente. En el detalle del TDAH ahondaré sobre el modo concreto en el que se expresa el TDAH en la adolescencia. Nos centraremos únicamente en las complicaciones más importantes que pueden llegar a surgir, aunque resulta necesario destacar que en absoluto tienen por qué presentarse todas ellas, y que actualmente disponemos de estrategias terapéuticas eficaces dirigidas a paliar sus efectos.

Impulsividad

Uno de los obstáculos para confirmar el diagnóstico de TDAH en la adolescencia es el hecho de que la hiperactividad, el síntoma que con más facilidad permite inferir la presencia del trastorno durante la infancia, tiende a suavizarse al adentrarse en este período. Así, puede ser sustituido por conductas impulsivas, que se confunden o camuflan en el cúmulo de expectativas que la sociedad deposita sobre los adolescentes. La corteza prefrontal es una región anatómica del cerebro relativamente reciente en términos evolutivos y filogenéticos. Una de sus funciones más relevantes se asocia a la inhibición de impulsos, así como a la tolerancia de la frustración. Esta zona del sistema nervioso finaliza su maduración en la segunda década de la vida, por lo que muchos adolescentes presentan déficits en estas funciones ejecutivas. El efecto, no obstante, puede ser todavía más acusado en aquellos con diagnóstico de TDAH. Existen evidencias de que el TDAH en la adolescencia se puede expresar mediante una dificultad especial para tomar decisiones sopesando las posibles consecuencias futuras, lo que acaba traduciéndose en un mayor erratismo en el momento de elegir itinerarios curriculares u opciones laborales. También es muy importante agudizar la atención sobre otras conductas impulsivas, por el riesgo físico que entrañan, como el consumo de sustancias o la participación en actividades sexuales de riesgo.

Dificultades en la planificación

El TDAH en la adolescencia puede manifestarse a nivel cognitivo, además de  la referida impulsividad, a través de dificultades específicas para planificar el futuro y trazar planes de acción que dirijan la conducta propositivamente hacia una meta. En este sentido, es común que las responsabilidades propias se asuman bordeando el límite temporal del que se disponía para su realización, o que se siga una secuencia de pasos sin la lógica suficiente para el desarrollo óptimo de la intención.

Relaciones sociales inestables

Los adolescentes con TDAH pueden mostrar una conducta interpersonal vapuleada por la inestabilidad, de modo tal que llegan a abandonar sus relaciones con gran facilidad. También se muestran a menudo muy impacientes, lo que puede traducirse en interrupciones constantes a los compañeros, los padres y los profesores. Todo ello, junto a una posible tendencia a “perder los estribos”, contribuye de una manera decisiva a la aparición de conflictos en el contexto familiar y académico. El rechazo de los grupos sociales puede darse con cierta frecuencia también en la adolescencia, prolongándose un problema social cuyo germen pudo brotar en la misma infancia, y atentando consecutivamente contra el modo en que la persona se percibe a sí misma. El ostracismo del grupo de referencia, como una consecuencia más del desconocimiento sobre cuestiones esenciales de la salud mental, facilita la aparición de problemas del estado de ánimo y ansiedad en personas con TDAH.

Dificultad para mantener la atención

A medida que aumentan las exigencias académicas, los adolescentes con TDAHpueden percibir sobrepasadas sus capacidades atencionales y mostrar dificultades en su rendimiento. Este hecho se acentúa ante tareas repetitivas, que requieran un exceso de detalle o que sean valoradas como tediosas o poco interesantes. Por ello pueden cometer diversos errores durante su confección, llegando a un punto en el que se evidencia una preferencia explícita por dejarlas inacabadas. Esta dificultad para mantener el foco atencional se hace extensible, también, a las relaciones sociales. Durante el proceso comunicativo, la persona con TDAH puede sentirse distraída por pensamientos ajenos a la conversación en curso, de modo tal que perciba carencias para apresar el contenido de los mensajes y responder de forma congruente con ellos. En algunas ocasiones se observan dificultades para mantener el interés en una película, un libro u otra obra audiovisual; especialmente cuando no dispone de opciones para interactuar.

Problemas laborales

La vida laboral, al igual que la académica, también puede verse comprometida como resultado del diagnóstico de TDAH, especialmente en los casos en los que este se mantiene al llegar a la edad adulta. Existen estudios que sugieren una preferencia por trabajos en los que predominen las dimensiones físicas, en oposición a los que requieren habilidades de corte cognitivo. Además, pueden precisar de ayuda para gestionar el tiempo y organizar la agenda de sus responsabilidades laborales. Al igual que en las relaciones sociales, también puede advertirse cierta tendencia a abandonar los empleos cuando estos exceden los recursos de afrontamiento, o ante el hecho de ser considerados como poco gratificantes.

Comorbilidades de salud mental

Los adolescentes con TDAH pueden presentar otros problemas de salud mental con efectos sumativos a los de su trastorno del neurodesarrollo; y que se erigen como una consecuencia tanto de sus síntomas nucleares como de las consecuencias del mismo sobre las relaciones sociales, el desarrollo académico, la vida familiar y la autoimagen. Los más comunes son los trastornos de ansiedad, la depresión mayor y el abuso o dependencia de sustancias. Es importante asumir que el TDAH puede prolongarse hasta la adolescencia, de un modo que muchas veces pasa inadvertido, pero que puede menoscabar seriamente las opciones para construir una vida plena de significado. Por ello resulta siempre recomendable consultar con un profesional de la salud mental en caso de albergar dudas sobre la presencia de esta condición y/o de las comorbilidades que pueden acompañarla. 

Estudios genéticos

Las investigaciones con familiares han indicado de forma consistente la existencia de una fuerte contribución genética en el TDAH.Los estudios con gemelos han demostrado una alta heredabilidad de este trastorno. Es probable que estén implicados múltiples genes que ejerzan un efecto moderado, ya que hasta la fecha no se ha encontrado que un único gen desempeñe un papel fundamental. Los neurocientíficos se han centrado en estudiar las variaciones genéticas en el receptor de dopamina D4 y el transportador de dopamina DAT1, pero se ha comprobado que individualmente solo ejercen efectos débiles y ninguna es necesaria o suficiente para que se produzca el TDAH De hecho, en una revisión reciente de varios estudios de genética molecular se concluyó que hubo asociaciones significativas para cuatro genes en el TDAH; los receptores de dopamina D4 y D5, y los transportadores de dopamina y serotonina. Con todo, hay un reconocimiento creciente entre la comunidad científica sobre el hecho de que se da una interacción potencial entre genética y factores de riesgo ambiental. Sin disminuir la importancia de los factores genéticos, también se han identificado factores ambientales que aumentan el riesgo de padecer TDAH, como por ejemplo la exposición al plomo o los policlorobifenilos durante la primera infancia, aunque sus efectos no son específicos del TDAH.

Estudios de imagen cerebral

En los estudios de imagen cerebral se han observado cambios anatómicos graves en dimensiones cerebrales asociadas al TDAH. El hallazgo más consistente es una reducción del tamaño total del cerebro que persiste en la adolescencia, y la reducción del tamaño de varias regiones cerebrales, como el núcleo caudado, la corteza prefrontal, la sustancia blanca y el cuerpo calloso, y el vermis cerebeloso. En un metaanálisis realizado en 2017 se concluyó que el núcleo caudado y el globo pálido, que contienen una alta densidad de receptores de dopamina, tenían un menor tamaño en sujetos con TDAH respecto a los grupos de control. Además, también se ha observado una disminución del riego sanguíneo en regiones del cuerpo estriado, así como cambios en la unión del transportador de dopamina. Los estudios de grosor cortical también han mostrado cambios en el TDAH. Se ha detectado una reducción regional del grosor de la corteza cerebral asociada con el alelo DRD4, que está ampliamente relacionado con el diagnóstico de TDAH. Este adelgazamiento cortical es más evidente en la infancia y, en gran medida, parece resolverse durante la adolescencia. En las imágenes de tractografía también se han detectado alteraciones en la sustancia blanca frontal y cerebelosa de niños y adolescentes conTDAH. Por otra parte, en las tareas de refuerzo y recompensa, en sujetos con TDAH se observa una preferencia por lo inmediato sobre el refuerzo retrasado. Y en los estudios con resonancia magnética funcional en adolescentes con TDAH se ha demostrado que hay una reducción del estriado ventral cuando se anticipa la recompensa, al contrario de lo que ocurre con los sujetos de control en los que se produce una activación de esta región cerebral.

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